Aun hoy en día en pleno siglo XXI mantenemos un vago sentimiento que nos vincula a través de la imagen a la realidad representada.


Para los pueblos primitivos, la representación de la realidad  ES  la realidad.

Las artistas que la ejecutaron lo hicieron con una finalidad concreta y sus obras eran juzgadas por los demás con un criterio de utilidad.

Así pues  a través de la representación de la realidad, los primitivos artistas se hacían dueños de ella y podían otorgarle una utilidad mágica.

 

 

Es una extraña experiencia atravesar los pasadizos a veces estrechos, siempre húmedos y oscuros hasta llegar a las pinturas. Son los vestigios de la universal creencia en el poder de la creación de la imagen .

La emoción única que provoca la visita a esta cueva esta relacionada con la sensación de regreso a nuestros orígenes, que nos vincula de manera biológica a nuestros ancestros.

Sus pinturas son obras de arte porque fueron realizadas por hombres que acertaron. Tomaron las decisiones apropiadas para conseguir Equilibrio y Armonía. Exactamente igual que los buenos artistas de hoy en día.

También ayer como hoy, estos artistas tenían sus razones para no ser fieles a la realidad, nos mostraron otros posibles “mundos” sin prejuicios, otros tamaños, otras proporciones….y resulta igual de atractivo intentar “adivinar” lo que se propusieron trasmitir.

Para contemplar las Pinturas rupestres es preciso despojarse de ideas preconcebidas, prejuicios y entrar con una “mente limpia”, exactamente igual de cómo deberíamos cruzar el umbral del Museo del Prado